En un escenario productivo atravesado por la variabilidad climática, la suba de costos y la necesidad de mejorar la eficiencia, el riego vuelve a posicionarse como una de las herramientas más estratégicas para la agricultura y la ganadería argentinas. Así lo demuestra el Boletín Económico N.º 17 de la Agencia de Extensión Rural INTA 25 de Mayo, que analiza en detalle los costos del milímetro de riego y los márgenes brutos de las principales producciones bajo riego en el oeste pampeano, una de las zonas con mayor desarrollo de riego presurizado.
El trabajo, elaborado por un equipo interdisciplinario de INTA y del sector privado, pone números concretos a una pregunta clave: ¿qué impacto real tiene el riego sobre los resultados productivos y económicos? Y la respuesta, lejos de ser única, muestra matices, oportunidades y desafíos que ayudan a entender por qué el riego debe pensarse como un sistema integral y no solo como una fuente de agua.
El costo del agua: cuánto vale regar hoy
Uno de los aportes centrales del informe es la actualización del costo del milímetro de riego aplicado con pivote central, una variable crítica para cualquier análisis económico bajo riego. Según el estudio, la amortización del equipo y la energía eléctrica concentran la mayor parte del costo, explicando más del 65 % del total.

“El riego ya no tiene subsidios energéticos y eso obliga a mirarlo con lupa”, señalan los autores, al destacar que el costo del riego alcanza valores del orden de 528 dólares/ha para maíz y 585 dólares/ha para alfalfa, con costos por milímetro cercanos a 0,68 U$S/mm en maíz y 0,53 U$S/mm en alfalfa.
Este dato no es menor: dimensiona el peso que tiene el agua dentro de la estructura de costos y explica por qué la eficiencia en el uso del riego es tan importante como su disponibilidad.
Alfalfa bajo riego: estabilidad, volumen y márgenes ajustados
En el caso de la alfalfa destinada a henificación, el informe diferencia claramente el año de implantación de los años siguientes. En el primer año, el margen bruto aparece prácticamente equilibrado, con un resultado positivo muy ajustado, explicado en gran parte por el desacople entre costos y precios de venta.

“La henificación se lleva más de la mitad del costo total”, advierten los técnicos, señalando que el riego representa cerca del 30 % del costo, incluso en un cultivo donde el agua es indispensable para asegurar volumen y calidad.
A partir del segundo año, el escenario mejora sensiblemente. Con rendimientos del orden de 15 toneladas por hectárea, el margen bruto se vuelve claramente positivo, mostrando que la alfalfa bajo riego es un sistema que se consolida en el tiempo, donde la estabilidad productiva es tan importante como el resultado anual.
Maíz bajo riego: el cultivo que mejor capitaliza la inversión
Si hay un cultivo que se destaca en el análisis, ese es el maíz para grano. Bajo un esquema tecnológico de alto nivel y con fertirriego nitrogenado, el maíz alcanza rendimientos promedio de 11 t/ha, con un margen bruto superior al millón de pesos por hectárea.
“El maíz es el que mejor retorno muestra por peso invertido”, destacan los autores, con una relación de 0,52 $/$, la más alta entre las alternativas evaluadas. Aun cuando el riego explica cerca del 39 % del costo total, el cultivo logra absorber esa inversión gracias a su alto potencial productivo y a ventajas logísticas propias de la región, como el diferencial de flete positivo hacia los mercados del sur.
El informe refuerza así una idea clave: cuando el agua deja de ser limitante, el manejo nutricional y la eficiencia del sistema definen el resultado económico.
Recría bovina bajo riego: estabilidad forrajera como base del negocio
El análisis se completa con un sistema de recría bovina intensiva sobre alfalfa bajo riego, donde el foco no está en la maximización individual del animal, sino en la producción de carne por hectárea.
En este esquema, el riego representa apenas el 5 % del costo total, muy por detrás de la compra de terneros, que explica cerca del 70 %. Sin embargo, su rol es estructural.
“Sin riego no hay estabilidad forrajera, y sin estabilidad no hay sistema”, resumen los técnicos. Con cargas elevadas y producciones cercanas a 2.700 kg de peso vivo por hectárea, el sistema muestra márgenes positivos y una lógica productiva robusta, basada en la previsibilidad.
Más allá de los números: qué nos dice este trabajo
Más allá de los resultados puntuales, el boletín deja varios mensajes de fondo. El primero es que el riego no garantiza rentabilidad por sí solo: requiere escala, manejo, eficiencia energética y decisiones ajustadas a cada sistema.
El segundo es que la estabilidad productiva tiene un valor económico que muchas veces no se ve en un solo año, pero que se vuelve evidente cuando se analizan varias campañas.
“El riego reduce el riesgo, y reducir riesgo también es generar valor”, subrayan los autores, en un contexto donde la variabilidad climática se ha vuelto una constante.
El Boletín Económico N.º 17 de la AER INTA 25 de Mayo confirma que el riego es mucho más que aplicar agua. Es un sistema productivo complejo, donde energía, manejo, costos y mercado interactúan de manera permanente.
“Cuando el riego está bien gestionado, deja de ser un gasto y pasa a ser una inversión estratégica”, concluyen los autores. En tiempos de incertidumbre climática y márgenes ajustados, contar con información como la que aporta este trabajo se vuelve tan valioso como el agua misma.
Finalmente, el trabajo aporta información local, validada a campo, que resulta clave para tomar decisiones de inversión con fundamentos técnicos y económicos reales, alejados tanto del optimismo excesivo como del rechazo infundado.
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