El riego en Argentina está atravesando un punto de inflexión. Ya no se trata únicamente de estabilizar rendimientos frente a años secos, sino de transformar estructuralmente la eficiencia productiva y la competitividad regional. Un trabajo elaborado en el campo de un productor líder de la región por la Ingeniera Silvana Walter, del INTA Villa Dolores, con la colaboración de especialistas en riego de INTA Manfredi, pone números y análisis técnico a una tendencia que ya se percibe en el territorio: la tecnificación del riego modifica no solo la producción, sino la economía regional del sistema.
El eje del trabajo no está centrado en el clima, sino en la eficiencia. Allí donde el riego se incorpora con tecnología adecuada —infraestructura moderna, sistemas presurizados eficientes, automatización y monitoreo— cambian las relaciones productivas. La producción por hectárea aumenta, pero sobre todo mejora la relación entre insumos aplicados y resultados obtenidos. Esa mejora sistémica es la que termina impactando en la rentabilidad.
Uno de los principales aportes del estudio es demostrar que la tecnificación del riego, en este caso por la incorporación de riego por goteo subterráneo al cultivo de papa, no debe medirse solo en toneladas adicionales.

El verdadero cambio ocurre cuando el agua deja de ser un factor incierto y pasa a ser una variable gestionada con precisión. Esa gestión permite ajustar dosis, momentos de aplicación y estrategias de fertilización, elevando la eficiencia en el uso conjunto de agua, energía y nutrientes. Con este manejo, la aplicación de riego responde a estrategias.
En términos productivos, el salto tecnológico se traduce en mayor estabilidad interanual. Los sistemas irrigados bien diseñados muestran menor variabilidad de rendimiento y mayor previsibilidad en los resultados económicos. Para el productor, esa estabilidad no es un detalle menor: significa menor exposición al riesgo, mayor capacidad de planificación financiera y mejores condiciones para acceder a financiamiento.

El trabajo también analiza el impacto agregado. La expansión y modernización del riego no solo incrementa la producción primaria, sino que dinamiza cadenas asociadas: servicios técnicos, provisión energética, etc. El riego, en este enfoque, aparece como una inversión estructural y no meramente coyuntural.
Un aspecto central del análisis es la eficiencia en el uso del recurso hídrico. La incorporación de sensores, monitoreo de humedad de suelo y sistemas de automatización permite aplicar láminas ajustadas a la demanda real del cultivo. Esto reduce pérdidas por percolación profunda y escurrimiento, mejora la eficiencia del fertirriego y optimiza el consumo energético. La eficiencia hídrica y la eficiencia económica comienzan a alinearse. En el siguiente grafico se integra los aportes de lluvia, del riego y los valores de la medición tanto en cabecera como pie del surco, todo vinculado a las constantes hídricas del suelo donde se observa que disponibilidad tuvo el cultivo de papa durante el ciclo.

Desde la perspectiva regional, el desarrollo del riego tecnificado amplía las posibilidades productivas. La experiencia demuestra que esta tecnología no solo permite alcanzar altos rendimientos en ciclos más cortos (28,4 t/ha en 85 días), sino que además mejora significativamente la eficiencia del uso del agua, alcanzando 71,5 kg de tubérculo por milímetro de agua, valor superior al promedio reportado en la literatura para sistemas tradicionales (≈60 kg/mm). Permite intensificar rotaciones, sostener rendimientos en ambientes de alta demanda y aumentar la calidad industrial.
En un contexto donde la competitividad depende cada vez más de la estabilidad de oferta, la previsibilidad que aporta el riego se convierte en una ventaja estratégica. Dentro de la variabilidad propia de los suelos de la región, se logró estabilizar los rendimientos de la parcela. Esto se puede observar en el siguiente gráfico.

El trabajo coordinado por la ingeniera Walter también pone en relieve el componente humano. La gestión moderna del riego requiere profesionalización. No alcanza con instalar equipos: es necesario interpretar datos, analizar balances hídricos y tomar decisiones integradas. Esta evolución eleva la demanda de técnicos especializados y fortalece el capital humano del sector.
En términos macroeconómicos, la tecnificación del riego tiene implicancias claras. El aumento de productividad y la reducción de la variabilidad impactan en el valor bruto de producción, en la generación de empleo y en la estabilidad exportadora. La infraestructura hídrica se convierte así en un factor de desarrollo territorial.
Otro punto relevante es el vínculo entre eficiencia y sustentabilidad. El uso más preciso del agua reduce riesgos ambientales, mejora el aprovechamiento de fertilizantes y permitiría incrementar la superficie regada con la misma cantidad de agua.

La tecnología no solo incrementa producción, sino que ordena el sistema bajo criterios de uso racional de recursos. Esta clara mejora en la eficiencia, si comparamos con el sistema tradicional, permitiría aumentar en un 40 % más la superficie en producción, con la misma cantidad total de agua aplicada.
El mensaje que surge del trabajo técnico es contundente: el riego, cuando se integra con tecnología y gestión, deja de ser una herramienta defensiva para transformarse en una estrategia de crecimiento. No se trata simplemente de producir más, sino de producir con mayor eficiencia física, económica y energética.
En un escenario de creciente exigencia competitiva, la inversión en infraestructura hídrica y en sistemas inteligentes aparece como uno de los caminos más sólidos para fortalecer la matriz productiva regional y nacional. El desafío no es únicamente ampliar superficie irrigada, sino hacerlo con criterios de eficiencia, profesionalización y visión estratégica.
La transformación no es solo productiva. Es estructural. Y el agua, gestionada con tecnología, se convierte en uno de los principales motores de esa nueva etapa.
En Regantes brindamos asesoramiento técnico para productores que buscan evaluar la viabilidad del riego, ajustar el manejo o planificar una inversión.

