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¿Cómo saber si estás regando bien?

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Se puede sacarle más provecho al agua ?

En muchas zonas productivas de Argentina, el riego se maneja por rutina. Se riega “como se hizo siempre”. Pero ese hábito puede estar generando pérdidas invisibles que afectan los rindes… y también el bolsillo. ¿Cuánta agua se está yendo sin que lo sepas? ¿Tu equipo riega parejo? ¿Estás aplicando más de lo que el suelo puede absorber? ¿Estás agregando menos agua por desconocimiento?

Detectar pérdidas y mejorar la eficiencia hídrica se convierten en factores clave para la productividad.

Con algunas mediciones simples y sin grandes inversiones, es posible mejorar el uso del agua, aumentar la productividad y hacer que cada gota se aproveche al máximo.

El déficit hídrico: el enemigo silencioso

A lo largo del ciclo del cultivo, en casi todas las regiones del país, hay momentos en los que la lluvia no alcanza, y aunque después llueva de más el cultivo no puede incorporarla. Esa falta de agua —el llamado déficit hídrico— frena el crecimiento y reduce el rendimiento. En lugares como INTA Manfredi, los registros históricos muestran que, en promedio, la demanda de agua de los cultivos supera a las precipitaciones casi todos los años.

Frente a este panorama, muchos productores ya usan sistemas de riego como el pivot central. Pero el riego mal manejado o mal diseñado también puede fallar.

Dónde se pierden los mm invisibles?

Aunque todo parezca funcionar bien, un sistema puede estar perdiendo hasta el 20 % del agua. Las principales causas son:

  • Toberas mal seleccionadas, rotas o desgastadas.
  • En conexiones flojas, goteros o filtros obstruidos o equipos sin mantenimiento.
  • Presión inadecuada o mal calibrada.
  • Perforaciones con caudal insuficiente o variable.
  • Por escurrimientos: en terrenos desnivelados el agua no penetra y se va a las partes más bajas del lote.
  • Filtración por regar más de lo que el suelo puede absorber.
  • Por aplicar agua cuando hay viento fuerte o temperaturas muy altas.
  • Por no adaptar el riego al cultivo, al clima o al momento del ciclo.
  • Mal diseño del sistema o modificaciones sin chequeo técnico.

Medir para decidir mejor

No hace falta comprar equipos caros. Algunas acciones simples pueden ayudarte a evaluar la eficiencia del riego:

  • Hacer una muestra con barreno para ver si el agua llega a la profundidad correcta.
  • Usar un pluviómetro (una lata en su defecto) para ver cuánta agua cae.
  • Registrar durante una semana la frecuencia y duración de los riegos.
  • Anotar si hay zonas del lote que se ven más débiles que otras.
  • Medir con cierta frecuencia la humedad del suelo antes y después del riego.

Claro que un asesor técnico especializado, con herramientas adecuadas, puede hacer una evaluación más precisa y detectar problemas que muchas veces no se ven a simple vista. Pero dar los primeros pasos por cuenta propia ya marca una diferencia y permite ajustar el manejo sin necesidad de grandes inversiones.

Cuánto y cuándo regar. Balance hídrico: una herramienta clave

En INTA Manfredi promueven el uso del balance hídrico para decidir cuándo y cuánto regar. Es un método simple que se puede adaptar a cada productor y consiste en:

  • Saber cuánta agua hay disponible en el suelo.
  • Conocer cuánta agua necesita el cultivo.
  • Definir el umbral mínimo para decidir regar.
  • Medir cuánto llovió y cuánto se infiltró realmente.
  • Aplicar solo la lámina necesaria, evitando el escurrimiento.

Este manejo más fino permite hacer un uso más eficiente del agua y de la energía.

Regar no es solo tirar agua

Rendimiento no es solo cantidad de agua, sino cómo se distribuye. Si el equipo no riega de forma uniforme, el cultivo lo va a sentir. Para evaluarlo se hacen ensayos simples con pluviómetros distribuidos a lo largo del pivot. Se mide cuánta agua cae en cada punto y se comparan los datos.

Esto es especialmente importante en los últimos tramos del pivot, donde cada metro abarca más superficie. Si esas zonas fallan, se afecta una gran parte del lote.

Conclusión: cada gota cuenta

La eficiencia no es una moda. Es la base para producir más con menos. Detectar fugas invisibles, ajustar las aplicaciones y entender mejor el comportamiento del sistema son pasos clave para aprovechar cada litro de agua.

No se trata de cambiar todo el equipo, sino de mirarlo con otros ojos. Y empezar a medir, aunque sea con herramientas simples.

En próximas notas vamos a mostrar cómo evaluar goteros, usar sensores accesibles y tomar mejores decisiones con datos concretos.

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