La producción de maíz bajo riego en Argentina se ha consolidado como una estrategia clave para estabilizar y maximizar los rendimientos, especialmente en zonas donde la disponibilidad hídrica limita el potencial productivo. Sin embargo, para aprovechar al máximo el riego, es fundamental un manejo integral que contemple la fecha y densidad de siembra, la nutrición, la sanidad y la búsqueda de calidad.
Fecha de siembra: apuntar al máximo potencial
La fecha de siembra es uno de los principales determinantes del rendimiento. Bajo riego, se puede optar por fechas tempranas (septiembre-octubre en muchas regiones) para aprovechar temperaturas moderadas durante el llenado de grano y menor riesgo de estrés térmico. Esta estrategia permite expresar el máximo potencial genético del cultivo.
Claro ejemplo son los resultados promedios de 28 años de riego en INTA Manfredi, donde el maíz en fechas optimas logra valores de 12.1 tn/ha y en siembras tardías (diciembre) aun con riego se obtienen valores de 9.5 tn/ha (22 % menos).
Densidad de siembra: adaptar al ambiente y al híbrido
Bajo condiciones de riego, se recomienda aumentar la densidad de plantas para maximizar la intercepción de radiación y la producción de biomasa.

Generalmente, se trabajan densidades entre 90.000 y 100.000 semillas por hectárea, aunque esto depende del híbrido elegido y de la fecha de siembra. Los híbridos modernos toleran altas densidades, pero es fundamental realizar ensayos locales para ajustar la recomendación.

Fte (inta Manfredi)
Elección de híbrido
El INTA Manfredi participa en una red de evaluación de híbridos de maíz de siembra tempana bajo riego, para la campaña 23/24 los resultados se presentan en el siguiente cuadro.
Se destaca el rendimiento promedio del ensayo, que alcanza las 16 tn/ha, y los materiales punteros por encima de las 17 tn/ha

Fte Laura Ferreyra (inta Manfredi)
Manejo nutricional: sostén del alto potencial
Diagnóstico previo
Se recomienda realizar análisis de suelo previos y diseñar un plan de fertilización balanceado (N, P, S y micronutrientes), considerando fraccionar la aplicación de nitrógeno para minimizar pérdidas y mejorar la eficiencia de uso.
La nutrición nitrogenada cobra especial importancia, dado que el agua no será un limitante. Para un objetivo de 14 a 16 t/ha o más, la demanda de nitrógeno puede superar los 250 kg/ha de N total.
Manejo nutricional: sostén del alto potencial productivo
En maíz bajo riego, la nutrición adquiere un rol estratégico: el agua no es limitante, por lo que el cultivo puede expresar su máximo potencial genético y de absorción de nutrientes.
El fósforo (P) es esencial para un buen desarrollo radicular y para acelerar el arranque. En maíz, generalmente se aplica todo al inicio (siembra o pre-siembra), en dosis ajustadas según análisis de suelo y objetivo de rendimiento.
El nitrógeno (N) es el nutriente de mayor impacto en el rendimiento, pero también deben considerarse el fósforo (P), azufre (S), zinc (Zn) y otros micronutrientes dependiendo del ambiente y del análisis de suelo.

Conclusión
El maíz bajo riego ofrece una oportunidad única para lograr rendimientos excepcionalesy estabilidad productiva. Sin embargo, requiere un manejo planificado y preciso: elegir la fecha y densidad de siembra adecuadas, asegurar una nutrición completa y proteger el cultivo desde el inicio hasta la cosecha.
El éxito del riego se respalda en las decisiones de manejo agronómico.

