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Riego: la clave para producir más con menos tierra

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1. Importancia del riego a nivel mundial

El riego constituye uno de los pilares más importantes para la producción de alimentos en el mundo. Según datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura las tierras irrigadas representan solo el 20% de la superficie agrícola mundial, pero generan aproximadamente el 50% de la producción global de alimentos, y hasta el 60 % del valor económico bruto agrícola mundial.  Esto implica que el valor generado por hectárea irrigada puede ser 3 a 4 veces mayor que el de secano.

2. Relación entre el area productiva y el crecimiento de la población a nivel mundial

Existe una realidad contundente (como se observa en el siguiente grafico):

mientras la superficie cultivada total en el mundo se ha mantenido prácticamente constante en las últimas décadas (1.400 millones de hectareas), el crecimiento demografico hizo que la cantidad de tierra disponible por persona ha caído casi a la mitad (linea Negra). En ese contexto, el riego gana protagonismo como estrategia indispensable: su superficie crece sostenidamente (area azul) y ocupa un rol cada vez más importante frente a un modelo de secano que ya no alcanza para abastecer la demanda.

Desde el punto de vista económico, esto representa una oportunidad estratégica: producir más alimentos con menos tierra exige tecnologías que aumenten la productividad, y el riego es una de las inversiones más rentables en ese camino. Los rendimientos bajo riego pueden duplicar o incluso triplicar los de secano, mejorando los márgenes y reduciendo el riesgo climático. Para productores, empresas y regiones que apuesten a incorporar o ampliar el riego, se les abre una ventana de crecimiento sustentable, valor agregado y competitividad, especialmente en un contexto global de creciente demanda alimentaria y presión sobre los recursos naturales.»

3. Impacto del riego en la producción agropecuaria Argentina

El riego transforma el potencial productivo de una región. Sus beneficios más relevantes incluyen:
– Incremento significativo de los rendimientos por hectárea.
– Mayor estabilidad en la producción, reduciendo el impacto de la sequía.
– Aumento de la calidad de los cultivos, especialmente en fruticultura y hortalizas.
– Posibilidad de producir durante todo el año.
– Mejor aprovechamiento de fertilizantes y agroquímicos.
– Revalorización de tierras marginales.
En este contexto, el riego no solo es una herramienta agronómica, sino también un motor de desarrollo económico, inclusión rural y generación de empleo.

Para Argentina, ampliar y modernizar la superficie bajo riego no es solo una oportunidad, sino una necesidad urgente para mejorar la eficiencia productiva, reducir riesgos, impulsar las economías regionales y posicionarse como un proveedor confiable de alimentos en los mercados internacionales.

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