Si realizamos una recorrida por los principales sistemas productivos de Uruguay, nos permitiría entender y aprender sobre la estrategia hídrica que desarrollaron de acuerdo a los planteos productivos predominantes en cada región del país.
En primer lugar, podríamos destacar la manera en que un país con abundantes lluvias, con promedios que superan los 1100 mm anuales, aprendió a aprovechar, gestionar y utilizar ese recurso para garantizar su estabilidad productiva. Y luego, resalta la adaptación de la tecnología y el manejo de acuerdo a las características de cada producción y región.
Uruguay aprendió que no se trata solo de regar, sino de aplicar el agua con precisión y estrategia, adaptándose a la escala y el valor de cada cultivo. En ese sentido, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, conocido como INIA, cumple un rol fundamental con el acompañamiento y asistencia permanente a los productores en la validación y uso de tecnologías que le permitan eficientizar el uso del agua de riego.
La precisión del goteo en el sur
Si realizamos un recorrido virtual por diferentes establecimientos del departamento de San José, cerca de la región de Montevideo, se puede observar que el sistema productivo está direccionado hacia la intensidad, y esa es la clave. El foco está puesto en cultivos de alto valor como la frutilla, la papa y diversas hortalizas, donde cada metro cuadrado debe explotar su mayor potencial productivo.

La producción se hace con alta tecnología, mediante bordos protegidos con plástico y estrategias de manejo de insumos acordes a la producción. Si hablamos de riego, aquí la limitación no es el clima, sino el caudal, ya que la fuente de agua son perforaciones subterráneas que no se destacan por ser caudalosas con valores de 20 a 40 m3/h. Esta restricción hídrica impone la necesidad de maximizar la eficiencia, llevando a la adopción casi estandarizada del riego por goteo.

El goteo no solo asegura que el agua llegue directamente a la raíz con una eficiencia cercana al 95%, sino que también funciona como una barrera sanitaria. Al mantener el follaje seco, se inhibe el desarrollo de enfermedades fúngicas como la Botrytis. Gracias a esta precisión, los productores de frutilla logran rendimientos asombrosos, superando las 40 toneladas por hectárea al año. En este contexto, el goteo es una herramienta de productividad y un seguro sanitario, vital para la rentabilidad.
El desafío del volumen en la extensión
Al avanzar hacia el litoral del país, el sistema cambia de escala y aparecen vastas extensiones de agricultura extensiva, principalmente con lotes de maíz y trigo, y grandes tambos. Allí es necesario obtener y manejar grandes volúmenes de agua para poder aprovechar estas superficies más amplias. Con la limitante de no disponer de agua subterránea, la fuente de agua es casi exclusivamente superficial en esta región.
El primer pilar de esta estrategia es la claridad para aprovechar los cursos de agua, los ríos y arroyos uruguayos están meticulosamente cuantificados. Esto permite otorgar a los usuarios una dotación anual precisa de extracción, asegurando un uso equitativo y sustentable sin comprometer el caudal ecológico.

El segundo pilar, y quizás el más visible, es la infraestructura de almacenamiento. Dado que las lluvias superan los 1100 mm anuales y los suelos (arcillosos en alta proporción), tienen en general lomadas, ondulaciones y pendientes, la estrategia es simple pero ingeniosa: aprovechar zonas muy bajas para almacenar el excedente de escorrentía o construir represas o embalses prediales con el mismo fin. En nuestro artículo titulado: Excedentes hídricos: de problema a oportunidad estratégica para enfrentar la sequía se puede profundizar sobre el tema y conocer experiencias similares.
Con esta estrategia, se almacena el agua que de otra forma se perdería durante los grandes eventos de lluvia de invierno y otoño, para usarla como un «seguro hídrico» crucial durante el verano seco.

Luego, el agua ya almacenada es distribuida mediante los pivotes centrales (tanto fijos como móviles), a los cultivos de estación. El impacto de este riego extensivo es contundente porque elimina la incertidumbre climática.
Bajo el pivote, las cosechas de maíz superan las 14 t/ha y en el cultivo de trigo obtener 6 t/ha es algo casi de rutina, estos rendimientos actúan como un poderoso motor económico.

En el sector lechero, el riego se traduce en estabilidad forrajera, garantizando pasturas constantes y abundantes, y minimizando los costos de suplementación en los meses de calor.
La gestión del agua como capital
El INIA es la institución estatal que trabaja en la generación, adaptación y transferencia de conocimientos y tecnologías para el desarrollo sostenible del sector agropecuario uruguayo. Es el organismo que concentra el bagaje de saberes y experiencias que permitió revelar que el riego es mucho más que tecnología, es una estrategia nacional de gestión del riesgo y capitalización del recurso.
Desde la microdosis controlada del goteo en San José, hasta la vasta ingeniería de las represas de escorrentía que alimentan los pivotes del litoral, Uruguay ha logrado convertir su riqueza hídrica en estabilidad productiva. El agua, que antes se consideraba una variable, se ha transformado en un factor gestionable que sostiene altos techos de rendimiento en toda su matriz agropecuaria.
En Regantes brindamos asesoramiento técnico para productores que buscan evaluar la viabilidad del riego, ajustar el manejo o planificar una inversión.

