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Uniformidad de aplicación: ¿qué tan parejo riegan los equipos?

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En los sistemas de riego modernos ya no alcanza con “regar”. La pregunta clave es cómo se riega. Tanto en riego por goteo como en pivote central, la uniformidad de aplicación se ha convertido en una de las variables más determinantes para transformar el agua aplicada en rendimiento y rentabilidad.

En goteo, la medición de la uniformidad es una práctica relativamente difundida: se controlan caudales de emisores, presiones y obturaciones, sabiendo que pequeñas diferencias pueden traducirse en grandes contrastes de crecimiento y productividad dentro del lote. 

En pivote central, en cambio, muchas veces se asume que el equipo “funciona bien” solo porque gira y aplica agua, cuando en realidad las diferencias de aplicación a lo largo del equipo pueden ser significativas y costosas.

¿Qué es la uniformidad de riego y por qué importa?

La uniformidad de riego mide qué tan parejo aplica el agua un sistema respecto de la lámina objetivo. En términos simples, indica qué porcentaje del área recibe una lámina cercana a la diseñada y cuánto se desvía el resto. Este información fue descripta en la nota Pasos a seguir para corregir uniformidad

Allí vimos que en un pivote central, una baja uniformidad implica que:

  • Sectores del lote reciben menos agua de la necesaria (estrés hídrico).
  • Otros reciben más agua de la óptima (pérdidas por percolación, anegamiento, lixiviación de nutrientes).
  • El rendimiento final queda definido por las zonas peor regadas, no por el promedio.

Ya nos hemos referido en un artículo anterior a las pérdidas en maíz por mala distribución de agua.  Esto puede ocurrir, por ejemplo,  si deseamos aplicar 30 mm, y  la uniformidad es del 75 %, una parte importante del lote estará recibiendo:

  • Menos de 25 mm en algunos sectores.
  • Más de 35–40 mm en otros.

Esto genera crecimientos desparejos, y ensayos y experiencias a campo muestran que cada 10 puntos porcentuales de caída en la uniformidad pueden representar pérdidas de rendimiento del orden del 5 al 15 %, dependiendo del cultivo, el ambiente y el momento del ciclo.

Evaluación local

Durante el año 2025, técnicos del INTA Manfredi y referentes de las Agencias de Extensión realizaron un relevamiento exploratorio en la zona centro y norte de Córdoba (Impira, James Craik, Monte Cristo, Piquillín, Jesús María y Villa María, entre otras). En total, se evaluaron 18 equipos de pivote central. Entre las variables medidas se incluyeron la Altura Media Recolectada (AMR) en cada cuarto y en el total del equipo, y el Coeficiente de Uniformidad de Heermann y Hein (CUHyH), también analizado por cuartos y a nivel general.

En términos generales, 8 equipos alcanzaron una uniformidad considerada excelente, 5 se ubicaron en la categoría buena, 2 presentaron valores aceptables y 3 mostraron uniformidades pobres, evidenciando una variabilidad significativa en la calidad de aplicación entre los sistemas analizados.

Al analizar la altura media registrada, en todos los casos la AMR total fue inferior a la lámina ingresada en el tablero, lo que evidencia una subaplicación sistemática respecto de la lámina programada. Este desajuste cobra especial relevancia cuando se utiliza la metodología de balance hídrico para programar los riegos, ya que las láminas consideradas en el cálculo resultan mayores a las realmente aplicadas, por ejemplo, en un equipo con una lámina objetivo de 10 mm, el promedio de AMR fue de apenas 6,4 mm, lo que implica una aplicación 36 % inferior a lo indicado. De manera similar, en otro caso, para una lámina objetivo de 30 mm, se obtuvo una AMR total de 21,2 mm, es decir, un 30 % menos de agua.

Donde la uniformidad de riego pobre, (< 80%) estarían indicando, la necesidad de mejoras urgentes, especialmente si se realiza también como fertirriego. Entre los equipos con menores valores de CUHyH se encuentra un caso para una lámina de 30 mm con valores de 62.1%, otro con valores de 62.3% y por último, uno con valores de 78.9% 

De los 18 equipos evaluados, el 44 % presentó una uniformidad excelente (CUHyH > 90 %), el 27,7 % mostró valores buenos (85–90 %), el 11 % aceptables (80–85 %) y el 17 % pobres (< 80 %), lo que evidencia una marcada variabilidad en la calidad de aplicación. En estos tres casos descritos anteriormente, se recomiendo urgentemente realizar un diagnóstico de las causas posibles de la baja uniformidad con que distribuye el agua esos equipos.

El promedio general de CUHyH fue de 85,2 %, indicando que, en términos globales, la distribución del agua puede considerarse aceptable. Según la clasificación normativa, el 72 % de los equipos superó el umbral de 85 %.

CONCLUSIONES 

Los resultados muestran que existen equipos con problemas graves de calibración, diseño hidráulico o presión de operación, que deben ser diagnosticados con urgencia. En otros casos, se sugiere revisar presiones y diseño para evitar sobre o subaplicaciones localizadas.

La buena noticia es que muchos de estos problemas son corregibles con inversiones relativamente bajas frente al impacto productivo y económico que generan.

La uniformidad no es un dato técnico más: es un indicador directo de eficiencia productiva y económica. En un contexto donde el agua, la energía y los insumos son cada vez más caros, cada milímetro mal aplicado cuesta dinero.

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