El cultivo del maíz se caracteriza por su alta respuesta a la tecnología y estrategias de manejo que se aplican durante sus etapas de implantación y desarrollo. La demanda de agua es una de las variables más importantes para alcanzar su mayor potencial. Para lograr el mayor rendimiento, es importante entender que el consumo de agua no permanece constante durante todo su ciclo, sino que se incrementa en algunas fases del cultivo, y es ahí donde el buen manejo del riego hace la diferencia.
El cultivo de maíz no consume la misma cantidad de agua durante todas las fases de desarrollo. Su demanda hídrica se modifica de forma marcada a lo largo del ciclo: una vez emergido su demanda es baja, luego con el desarrollo de las hojas, el consumo crece rápidamente hasta alcanzar un máximo en el periodo crítico y, finalmente, disminuye hacia la senescencia. Comprender esa curva es fundamental para definir cuándo regar, cuánta agua aplicar y cómo evitar pérdidas de rendimiento.
Según un estudio sobre Manejo del riego para maíz (realizado por Kranz,W.L., S. Irmak, S.J. van Donk, C.D. Yonts, D.L. Martin en el año 2008), adaptado y difundido por Pioneer, el maíz ejerce diferentes demandas de agua durante sus etapas de desarrollo. En el siguiente gráfico se resume la variación de las necesidades hídricas diarias en función de los estados fenológicos.

Fuente: Pioneer. *Adaptado de bibliografía técnica del cultivo de maíz.
Relación entre los estadios fenológicos del maíz y el requerimiento diario de agua (mm/día). La curva negra representa el comportamiento promedio; la línea verde muestra la variabilidad real diaria. Los puntos rojos indican momentos claves donde un déficit hídrico puede generar pérdidas de rendimiento.
Un cultivo cuyo consumo “respira” con el desarrollo
En las primeras etapas vegetativas, el maíz presenta una evapotranspiración baja, ya que la superficie foliar es reducida y el sistema radicular recién comienza a explorar el suelo. La demanda en esta fase se ubica típicamente entre 1 y 3 mm/día.

Sin embargo, hacia V10–V12, el crecimiento foliar se acelera, se incrementa la intercepción de radiación y la transpiración aumenta de manera marcada. La demanda diaria se eleva a niveles de 7–10 mm/día, dependiendo del clima, el híbrido y la fecha de siembra.
El punto clave: el periodo crítico
Según el estudio, el mayor consumo ocurre entre el panojamiento (VT) y el cuajado de granos (R2). En esta ventana, el cultivo puede requerir entre 10 y 12 mm/día, convirtiéndose en la etapa donde el riego tiene mayor impacto en el rinde final.
Cualquier déficit hídrico en este periodo provoca menor cuajado de flores, aborto de granos y reducción irreversible del potencial de rinde. Por eso, es la fase donde el riego debe ser más preciso y sostenido.

Después de la tempestad, llega la calma
Luego de la etapa R2, aunque la demanda se mantiene elevada durante el llenado (R3–R5), comienza un descenso gradual de necesidad hídrica. En R6, cuando se alcanza la madurez fisiológica, la demanda de agua cae pronunciadamente. Esto permite reducir o incluso finalizar los riegos sin afectar la productividad.
La clave está en definir la estrategia correcta de riego a lo largo del ciclo
En primer lugar, es crucial conocer la capacidad de almacenamiento del suelo. Determinar el agua útil disponible es esencial para estimar la frecuencia de riego, como vimos en otros artículos, la textura de suelo varía en las regiones, junto al régimen de lluvias. Por eso es importante anticiparse al periodo crítico y llegar al mismo con el perfil cargado.
Además, hay que considerar las condiciones climáticas. Altas temperaturas, baja humedad relativa y viento, elevan inmediatamente la demanda diaria. Cada milímetro mal aplicado, ya sea por exceso o por defecto, tiene un costo directo.
Conclusión
El maíz necesita agua, pero no la necesita siempre en la misma cantidad. El manejo del riego debe seguir la fisiología del cultivo:
- Acompañar el ascenso de la demanda,
- Sostener el aporte en el periodo crítico,
- Y reducirlo hacia la madurez.
Un riego planificado y medido no solo aumenta el rinde, sino que reduce riesgos, mejora la eficiencia y asegura la sustentabilidad productiva, incluso en años de alta variabilidad climática.
En Regantes brindamos asesoramiento técnico para productores que buscan evaluar la viabilidad del riego, ajustar el manejo o planificar una inversión.

