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Monitoreo inteligente de la humedad del suelo: datos que transforman el riego

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En un contexto climático cada vez más desafiante y con recursos hídricos escasos y costosos, los sensores de humedad del suelo dejaron de ser una tecnología emergente para convertirse en una herramienta estratégica en la toma de decisiones de riego. Estos dispositivos permiten conocer con precisión el contenido de agua en el perfil del suelo —especialmente en la zona radicular, donde las plantas absorben el recurso— y facilitan decisiones basadas en datos reales, en lugar de depender exclusivamente de calendarios fijos o estimaciones indirectas. Esto  complementa la información utilizada para la gestión del momento de riego, como fue descripto en la nota de balance hídrico.

¿Cómo funcionan y qué aportan?

Los sensores de humedad del suelo miden el contenido de agua a partir de distintos principios físicos, entre ellos la reflectometría en dominio del tiempo (TDR) y la reflectometría en dominio de frecuencia (FDR). Estas tecnologías detectan cómo varían las propiedades eléctricas o dieléctricas del suelo en función de su humedad y traducen esas variaciones en valores cuantificables.

La información generada puede ser registrada en tiempo real y enviada a plataformas digitales de gestión agrícola, lo que permite automatizar riegos, ajustar dosis y anticipar decisiones, integrando los datos del suelo con el manejo agronómico del cultivo.

La principal ventaja de estas herramientas es la supervisión continua y precisa de la humedad a distintas profundidades del perfil, algo clave para entender la dinámica del agua en el suelo. La ubicación de los sensores depende del cultivo a monitorear —hortícola, extensivo o arbóreo— y de la definición de la profundidad radicular definida a monitorear, permitiendo ajustar los riegos con mayor precisión que los métodos tradicionales.

Aplicación a cultivos extensivos

En cultivos hortícolas, donde la profundidad radicular suele ser menor (aproximadamente 40 cm), el uso de sensores de humedad está mayormente difundido. En cultivos extensivos como trigo, soja y maíz, donde el sistema radicular puede superar el 1,40 m de profundidad, la instalación presenta mayores desafíos técnicos, aunque esto no limita su adopción ni su utilidad.

En estos sistemas, los sensores permiten medir la disponibilidad de agua en el perfil, proyectar su evolución en el tiempo y definir con mayor precisión los momentos de riego, no solo identificando cuándo el cultivo necesita agua, sino también cuándo no es necesario aplicarla.

Desde el punto de vista económico, este enfoque reduce la cantidad total de agua aplicada y el consumo de energía para bombeo, traduciéndose en menores costos operativos por hectárea, sin resignar rendimiento.

En cultivos de verano como el maíz —altamente exigente en agua— y la soja —de mayor plasticidad—, la mayor profundidad radicular y la coincidencia con períodos de mayor aporte de precipitaciones permiten cierto margen en la programación del riego. Sin embargo, el estrés hídrico durante el llenado de granos sigue siendo un factor limitante del rendimiento. En este contexto, los sensores permiten ajustar el calendario de riegos a las condiciones reales del suelo, mejorando la eficiencia del sistema.

En maíz, en particular, el monitoreo de la humedad en la zona radicular resulta crítico para sostener altos rendimientos. Un manejo del riego basado en datos objetivos puede traducirse en incrementos significativos de productividad, al mismo tiempo que se reducen costos de agua, energía y fertilizantes.

Más allá de los aumentos de rendimiento, los beneficios económicos del uso de sensores de humedad del suelo se asocian principalmente a una reducción del consumo de agua: al regar solo cuando la condición de humedad de suelo y demanda del cultivo lo necesita, a menores costos de energía y mano de obra: por la automatización de los datos y de la decisión de riego y una mejor eficiencia de los insumos: reduciendo perdidas por lixiviación.

Desde la perspectiva ambiental, estas herramientas contribuyen a conservar los recursos hídricos y a reducir la contaminación por escurrimiento y percolación hacia aguas superficiales y subterráneas.

En síntesis, la incorporación de sensores de humedad del suelo en los sistemas de riego moderno transforma la gestión del agua en un activo estratégico, permitiendo maximizar rendimientos y rentabilidad mientras se reduce el impacto ambiental. Su adopción —cada vez más accesible y sofisticada— representa un paso clave hacia una agricultura más sustentable, eficiente y competitiva, en un mundo con recursos cada vez más limitados.

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