La incorporación de las tecnologías de agricultura de precisión en el riego suplementario, permite aplicar solo el agua necesaria en cada sitio específico del lote.
En un escenario donde el agua es cada vez más valiosa, la agricultura de precisión avanza también sobre el riego. La incorporación de tecnologías como el riego variable, o VRI por su sigla en inglés del término Variable Rate Irrigation, permite que cada metro cuadrado del campo reciba la cantidad justa de agua que realmente necesita, sin excesos ni desperdicios.
Hoy, el riego representa cerca del 70% del consumo mundial de agua dulce. Frente a esta realidad, mejorar la eficiencia no es solo un desafío técnico, sino también económico y ambiental.
Durante años, los sistemas de riego por aspersión se modernizaron para ganar en uniformidad y reducir pérdidas. Sin embargo, seguían tratando a todo el lote como si fuera homogéneo, cuando en realidad los suelos, los cultivos y la topografía varían dentro de una misma parcela.

Ahí es donde surge el VRI: una herramienta que combina pivotes centrales con control electrónico, sensores y mapas de prescripción. Con esta tecnología el productor puede programar el riego por zonas, desde un aspersor individual hasta un tramo completo, en función de las características y necesidades de cada sector del campo.


El sistema ajusta caudales, activa o desactiva válvulas e incluso modifica la velocidad de avance del equipo para aplicar menos o más agua, según lo que indiquen los mapas de suelo, de rendimiento o de topografía.

El resultado es claro: hasta 20% de ahorro de agua en lotes heterogéneos, mayor eficiencia energética (reducción de 15% en consumo de energía) y rindes más estables, porque cada cultivo recibe lo que necesita. Además, la tecnología permite reducir riesgos de anegamiento, evitar lixiviación de nutrientes y aplicar agroquímicos de manera localizada junto con el riego.
Para la realización de este artículo, Regantes se comunicó con las empresas proveedoras de esta tecnología. Las firmas T-L, Valley y Lindsay ya ofrecen estas soluciones en el mundo y en Argentina, con experiencias que muestran mejoras significativas en productividad y sustentabilidad.

Para el productor, la inversión se traduce en rentabilidad a largo plazo: menos insumos, mejor manejo de recursos y suelos que se preservan para futuras campañas. En tiempos de variabilidad climática y costos crecientes, el mensaje es contundente: regar con precisión ya no es una opción, sino una necesidad para competir y producir de manera eficiente
En Regantes brindamos asesoramiento técnico para productores que buscan evaluar la viabilidad del riego, ajustar el manejo o planificar una inversión.

