En la agricultura cordobesa, pocas decisiones productivas tienen un efecto tan determinante sobre los márgenes económicos y la estabilidad como la incorporación del riego. Aunque las palabras “riego” y “riesgo” suenen similares, en el campo sus impactos son exactamente opuestos: el primero aporta previsibilidad y rendimiento, mientras que el segundo surge cuando las lluvias no llegan y los costos fijos pesan más que nunca.
🌾 Córdoba: una provincia productiva pero climáticamente desafiante
El régimen de lluvias monzónico de la región central argentina concentra las precipitaciones en primavera y verano. Esto permite altos rendimientos potenciales, pero también existe una marcada variación interanual: en los últimos 10 años, en Manfredi Córdoba atravesó cinco campañas con déficits hídricos severos como se observa en el siguiente gráfico.

En ese contexto, el riego se consolida como una herramienta de gestión del riesgo climático, que no solo asegura la producción, sino que también mejora la eficiencia del uso del agua y de los insumos aplicados.
📈 Riego y márgenes: el agua como inversión, no como costo
Los análisis económicos realizados sobre márgenes brutos de los principales cultivos extensivos (maíz, trigo y soja) muestran diferencias notables cuando se comparan planteos bajo riego y en secano.
En promedio, los lotes con riego logran entre 30 %, 60 % y hasta mas del 100 % de rendimiento (para soja, maíz y trigo respectivamente), pero es más importante aun la reducción de la variabilidad de resultados, lo que se traduce en un flujo de ingresos más estable y previsible.
Por ejemplo, en ensayos de la provincia de Córdoba:
- Soja de segunda: bajo riego, los rindes promedio superan los 3.200 kg/ha, mientras que en secano rondan los 2.400 kg/ha. Pero más relevante aún, el coeficiente de variación del rendimiento se reduce a la mitad, mostrando que el riego estabiliza la producción entre años.
- Maíz de primera: el salto de rendimiento es aún más marcado, con aumentos del 60 % y una reducción sustancial de la dispersión interanual.
- Trigo y maíz silo: además de mayores kilos por milímetro aplicado, el riego permite asegurar calidad, continuidad y disponibilidad de forraje para sistemas ganaderos y tambos.
💹 Valorizar la estabilidad: el componente económico del riego
Cuando se analiza el negocio agrícola más allá del rinde, la estabilidad económica se vuelve un factor clave. Un sistema que produce menos variabilidad de ingresos permite planificar mejor, acceder a crédito y sostener inversiones.
El riego, en este sentido, actúa como un “seguro productivo”, con la ventaja de que genera rentabilidad en lugar de costo.
Tomando márgenes promedios de Córdoba (valores provistos por la Lic. N Barberis del área de economía de INTA Manfredi):
- En soja de segunda, la brecha de margen puede superar los 320 USD/ha a favor del riego. (Tomando el precio de Mercados SOJMAY26 de 323 USD/t)
- En maíz, el diferencial se amplía a 700 USD/ha, dependiendo del manejo y la eficiencia del sistema. (Tomando el precio de A3 Mercados MAI ABR26 🡺182 USD/t)
- En planteos mixtos con tambo, el riego incrementa la producción de materia seca y reduce el costo alimenticio por litro de leche, generando un beneficio económico sostenido en el tiempo.
🔄 De costo a estrategia: el riego como factor de resiliencia
Lejos de ser un gasto, el riego debe verse como una inversión estratégica.
En un contexto de variabilidad climática y mercados inestables, la diferencia no la hace quien produce más en un año bueno, sino quien logra obtener márgenes positivos en un año malo.
El agua, aplicada con conocimiento y precisión, permite transformar riesgo en oportunidad, asegurando productividad, eficiencia y competitividad.
🧩 Conclusión
En Córdoba —una de las provincias con mayor potencial de expansión del riego suplementario— la clave no está solo en instalar equipos, sino en gestionar el agua con precisión y valorar económicamente la estabilidad que aporta.
En definitiva, mientras el riesgo erosiona márgenes y previsibilidad, el riego construye estabilidad y rentabilidad a largo plazo: dos caras de una misma palabra, pero con impactos totalmente opuestos.
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