La soja ocupa un rol estratégico en las rotaciones agrícolas de Argentina. Sin embargo, a diferencia de los cereales, su respuesta al riego suplementario suele ser más moderada. Aun así, los ensayos de INTA Manfredi realizados durante casi tres décadas (1996-2024) muestran que, más allá del aumento en los rendimientos, el mayor beneficio se encuentra en la estabilidad productiva, una variable clave para garantizar la rentabilidad en contextos de alta incertidumbre climática.

Los datos
Según investigaciones del INTA, en soja de primera, el riego permitió un incremento promedio del 29% respecto al secano, mientras que en soja de segunda el aumento fue del 27%.
En la siguiente tabla se pueden apreciar los rendimientos promedio en riego y secano en los ensayos realizados entre 1996 y 2024.
| CULTIVO | RENDIMIENTO PROMEDIO (Kg./Ha) | Diferencia (Kg./ha) | Incremento en % respecto secano | RIEGO promedio (mm) | ||
| RIEGO | SECANO | |||||
| SOJA 1ª | 4140 | 3190 | 950 | 29 | 138 | |
| SOJA 2ª | 3100 | 2425 | 541 | 27 | 99 | |
Lluvias, riego y ambiente
La soja de segunda, sembrada después del trigo, suele aprovechar las lluvias propias del régimen monzónico de la región con precipitaciones concentradas en primavera y verano, lo que reduce en gran medida la necesidad de riego, como se observa en el grafico siguiente.

En estos planteos, los resultados productivos dependen principalmente de las condiciones ambientales, como el fotoperíodo, la radiación y la temperatura, junto con un manejo agronómico adecuado, donde en el planteo agronómico se definen: la elección de fecha y densidad de siembra, el distanciamiento entre hileras, el uso de genética adaptada, y la fertilización fosforada con criterio de mantenimiento.
Al dejar de ser un condicionante la disponibilidad hídrica, el rendimiento dependerá principalmente de las condiciones ambientales (radiación, fotoperíodo y temperatura) de cada campaña, y de la práctica de manejo que permitan optimizar su aprovechamiento, fundamentalmente al comienzo de su periodo crítico.
Estabilidad productiva: la clave
En el siguiente gráfico se observa que el riego, primero incrementa el rinde de soja de segunda en torno al 25–30 % (considerando el promedio de 28 o 12 años). También reduce la variabilidad entre campañas, con riego es casi un 50% menor respecto a la que logra el cultivo en secano (573 vs 907 kg/ha). Entonces, más allá del rendimiento promedio logrado, el análisis de la variabilidad muestra un efecto muy claro del riego sobre la estabilidad productiva.
Esa menor dispersión de los resultados, en términos simples implica menor riesgo y mayor previsibilidad en los resultados, y también mayor estabilidad y confiabilidad a lo largo de los años.

La mirada económica-productiva
En un contexto de alta variabilidad climática, los datos de más de 29 años muestran que la soja bajo riego no solo logra incrementar rindes (como se ve en el siguiente gráfico) sino, sobre todo, garantizar estabilidad.
Producir con riego significa menos riesgo y mayor previsibilidad, lo que permite planificar con mayor seguridad.
Para el productor, esta estabilidad se traduce en mejor planificación financiera, reducción de riesgos frente a campañas adversas, mayor eficiencia en el uso de insumos.
En definitiva, el riego suplementario en soja es una inversión que asegura rentabilidad sostenida y estabilidad productiva, consolidando su rol dentro de sistemas agrícolas diversificados y más resilientes.
En Regantes brindamos asesoramiento técnico para productores que buscan evaluar la viabilidad del riego, ajustar el manejo o planificar una inversión.

