Lo que ocurre bajo el suelo define el rendimiento
En la producción de soja, buena parte de las decisiones agronómicas se toman mirando sobre superficie: genética, fecha de siembra, fertilización, control de malezas. Sin embargo, una porción decisiva del rendimiento se define debajo de la superficie, en la interacción entre el sistema radical, el agua disponible y la estructura del suelo. Así lo demuestra el trabajo “Raíces y agua en soja” del Ing. Agr. MSc. Rodolfo C. Gil, ex investigador del Instituto de Suelos del INTA Castelar, cuyos aportes permiten entender por qué la disponibilidad hídrica no siempre se traduce en rendimiento y cómo ese desfasaje tiene consecuencias económicas directas.
Comprender el funcionamiento del sistema radical de la soja deja de ser una discusión académica para transformarse en una herramienta concreta de manejo productivo.
Uno de los conceptos centrales que plantea Gil es que la presencia de agua en el suelo no garantiza su aprovechamiento por el cultivo. Las raíces no “buscan” el agua de manera activa, sino que crecen donde las condiciones físicas del suelo lo permiten. En perfiles con capas secas, compactadas o con alta resistencia mecánica, el crecimiento radical se restringe, aun cuando existan reservas hídricas en profundidad.
Este punto resulta clave para explicar por qué, en muchos planteos, la soja muestra síntomas de estrés hídrico incluso en suelos con buena capacidad de almacenamiento. Desde el punto de vista económico, este fenómeno implica ineficiencias en el uso del agua disponible, ya sea proveniente de lluvias o de riego, y una pérdida potencial de rendimiento que no siempre se asocia correctamente a la causa real.
El rol del sistema radical y la eficiencia del uso del agua

Más del 95 % del agua absorbida por la soja se pierde por transpiración, proceso directamente vinculado a la fotosíntesis y a la producción de biomasa. En este sentido, Gil destaca que la eficiencia del uso del agua —medida como kilos de grano producidos por milímetro consumido— depende en gran medida del funcionamiento del sistema radical.
Un sistema de raíces bien desarrollado permite:
- Sostener la transpiración en períodos críticos.
- Acceder a reservas hídricas profundas.
- Reducir el impacto de déficits temporarios de agua.
Cuando esto no ocurre, el cultivo reduce su tasa de crecimiento, aborta estructuras reproductivas y resigna rendimiento. El impacto económico es directo: menos kilos cosechados por la misma cantidad de agua consumida.
La ventaja de regar la soja: estabilidad, raíces activas y mejor retorno
En este contexto, el riego aparece como una herramienta estratégica para potenciar el funcionamiento del sistema radical y reducir el riesgo productivo. Regar soja no implica simplemente “agregar agua”, sino asegurar condiciones de humedad que permitan a las raíces explorar el perfil, mantenerse activas y responder en los momentos críticos del ciclo.
Uno de los principales beneficios del riego es mantener niveles adecuados de humedad, así el cultivo desarrolla un sistema radical más profundo y funcional, lo que mejora la eficiencia del uso del agua y la estabilidad del rendimiento.
Desde lo económico, el impacto es claro: menor variabilidad interanual de rindes, mayor previsibilidad de resultados y mejor retorno de la inversión, especialmente en ambientes donde la soja en secano presenta alta volatilidad.
Además, cuando el riego está bien manejado y alcanza la profundidad efectiva de enraizamiento, no solo mejora el rendimiento inmediato, sino que construye un sistema radical más robusto, capaz de aprovechar mejor tanto el agua de riego como las lluvias posteriores.
Profundidad de raíces: un seguro silencioso
Si bien más de la mitad de las raíces se concentran en los primeros 30 a 50 centímetros del suelo, el cultivo puede explorar profundidades superiores a los 2 metros cuando las condiciones del perfil lo permiten. El trabajo de Gil muestra que la profundidad radical es una suerte de “seguro productivo”, cuyo valor se manifiesta justamente en los años más dificiles.

La soja es particularmente sensible al déficit hídrico durante llenado de granos. En estas etapas, la caída del contenido de agua útil del suelo por debajo del 50 % genera abortos florales, menor número de vainas y reducción del peso de grano.
Gil remarca que estos efectos no siempre pueden revertirse con lluvias tardías o riegos correctivos, ya que el daño ocurre en fases donde se define el número potencial de granos. En términos económicos, esto significa que el estrés hídrico en momentos clave tiene un costo alto y difícil de recuperar, aun cuando luego mejoren las condiciones ambientales, por eso es fundamental como vimos en presentación anterior el manejo del riego siguiendo BALANCE HIDRICO.
Compactación: una limitante invisible pero costosa
Uno de los aportes más relevantes es la relación entre resistencia mecánica del suelo y crecimiento radical. La compactación reduce la macroporosidad, limita la aireación y aumenta la resistencia que las raíces deben vencer para elongarse, Gil señala que la velocidad de crecimiento radical disminuye mucho antes de alcanzar esos valores máximos. Esto implica que, aun en suelos que no presentan compactaciones extremas, el crecimiento puede verse ralentizado, limitando la exploración del perfil.
Implicancias para sistemas bajo riego
Si bien el trabajo de Gil se apoya principalmente en condiciones de secano, sus conclusiones son plenamente aplicables a sistemas bajo riego. Regar no implica únicamente reponer agua en superficie, sino considerar el perfil hasta la profundidad efectiva de enraizamiento.
Un riego mal manejado, que humedece solo capas superficiales, puede generar raíces poco profundas y sistemas altamente dependientes de aplicaciones frecuentes.
Conclusión: el suelo y el riego como factores económicos

Los aportes de Rodolfo Gil dejan un mensaje claro: la productividad de la soja se define tanto por la disponibilidad de agua como por la capacidad del suelo para permitir el crecimiento radical. El riego, cuando está bien diseñado y gestionado, potencia ese vínculo y transforma al sistema radical en un aliado para la estabilidad y la eficiencia.
Regar bien no es solo una decisión técnica, sino una estrategia económica que permite convertir agua en raíces activas, y raíces activas en rendimiento.
En Regantes brindamos asesoramiento técnico para productores que buscan evaluar la viabilidad del riego, ajustar el manejo o planificar una inversión.

